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La Favela Coloreada

Con la ayuda de dos artistas holandeses, la comunidad de Santa Marta, una favela en Rio de Jainero, está cambiando su identidad y trayendo un poco de color a sus vidas. Hasta los más oscuros rincones de este barrio pobre, plagados por una cotidianidad dictada por el narcotráfico y la violencia, ahora son espacios iluminados por colores vibrantes.

Jeroen Koolhaas y Dre Urhahn llegaron a las favelas de Brasil en el 2005 para filmar videos de hip hop. Se quedaron y ahora están dedicados a producir asombrosas obras de artes en lugares inesperados. Sus proyectos involucran a los jóvenes locales, cambiando tanto el hostil entorno que los rodea como la mentalidad que han adquirido a causa de ello.

Este es un emocionante ejemplo de como, por medio de la expresión cultural y el embellecimiento del espacio público, es posible inspirar a una comunidad y empoderarla para que rescate sus calles, cambie su identidad y trase otro destino para sus hijos. Aunque no siempre salta a la vista, dentro de cada problema siempre hay una oportunidad.

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De la plaza pública a la plaza digital:

Hacia una nueva cultura política más interactiva, accesible y transparente.

Discurso de Gaitán

En la Colombia del Siglo XX la política se hizo en las plazas públicas. Los candidatos organizaban reuniones con líderes comunitarios y convocaban a la gente de las localidades para exponer sus ideas y hacerse conocer por medio de charlas y discursos. Dados los medios de comunicación de la época ese sistema era muy efectivo.

Hoy las comunicaciones han cambiado. En internet existen plataformas interactivas que se pueden aprovechar para enriquecer el ejercicio democrático.

En la política tradicional, la interacción entre el político y los ciudadanos es muy limitada, ya que la comunicación generalmente fluye del político hacia el público y el nivel de participación de los ciudadanos es mínimo. Cuando los políticos conversan con los ciudadanos su propósito principal es obtener apoyo y no se logra tener una interacción significativa. Se acaba el evento, el ciudadano generalmente no vuelve a tener acceso al político. La conversación entre los dos termina.

En el Siglo XXI, la política pasará de la plaza pública a la plaza digital.

El internet nos brinda la oportunidad de crear una nueva cultura política más dinámica, interactiva y accesible para los ciudadanos. Por medio de las redes sociales los políticos pueden difundir sus mensajes a un menor costo y con más efectividad. A la misma vez las herramientas del Web 2.0 permiten una mayor participación ciudadana en el proceso democrático y en el gobierno.

El internet y las redes sociales cambiaron las reglas de juego en la política.

El flujo de la comunicación en internet es más parejo porque las redes sociales democratizan el acceso al micrófono. En sus páginas, los candidatos todavía pueden difundir sus ideas y buscar apoyo por medio de contenido (discursos, escritos, fotos, videos, links, etc.). Pero la gran ventaja de la plaza digital es que los ciudadanos también pueden subirse a la tarima. Cualquier ciudadano puede opinar públicamente sobre las propuestas expuestas y también aportar sus ideas abiertamente subiendo contenido propio.

Esta retroalimentación se presta para una representación más efectiva y enriquece el nivel de debate. Además la interacción y mayor participación en el proceso democrático genera un sentido de pertenencia entre los ciudadanos para con sus instituciones y fortalece la democracia.

El internet también restaura el balance de la relación entre la gente y su gobierno. Los nuevos medios le dan más poder a los ciudadanos y les permiten poner al gobierno en su lugar: a su servicio. Al tener acceso directo al político, los ciudadanos se convierten en monitores y críticos de su gestión de manera que pueden exigir un mejor desempeño, rendición de cuentas y la entrega de resultados. La sociedad civil tiene más herramientas para asociarse y movilizarse. El público en general goza de mayor acceso al ejercicio del poder y lo puede revisar más de cerca. Todo esto reduce los espacios para el mal gobierno y la corrupción.

En un país con tantas necesidades como Colombia, recaudar y gastar miles de millones en campañas con un modelo de comunicación de una vía es hacer un uso poco productivo de los recursos. Los candidatos que participan en el ejercicio electoral de esta forma demuestran tener poca visión, pues desaprovechan oportunidades que enriquecen el ejercicio democrático.

Utilicemos los nuevos medios de comunicación para formar una nueva cultura política más interactiva, participativa y transparente. Los invito a que me sigan en todas las redes sociales. Llegó la hora del cambio.

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¿Miles de millones para campañas políticas? No gracias.

El internet y las redes sociales cambiaron las reglas de juego en la política. Utilicemos el flujo libre de información y herramientas en la red para conectarnos y movilizarnos alrededor de ideas y no de plata.

Con la Resolución 521 de 2009, el Consejo Nacional Electoral aumentó los topes de gastos para las campañas de los candidatos al Senado y a la Cámara en un 50 por ciento relativo a las cantidades autorizadas para las elecciones del 2006.

Esta decisión atropella el espíritu de la Constitución de 1991, que buscó limitar los costos de las campañas para los cargos electorales con el propósito de volver nuestra democracia más participativa y accesible para los ciudadanos.

Una democracia que permite gastos excesivos en las campañas electorales limita la capacidad de sus ciudadanos para participar en la política y marginaliza a los más desfavorecidos del proceso electoral. Cuando las campañas políticas requieren grandes sumas de dinero, es evidente que los más pobres y aquellos sin amigos poderosos o conecciones comerciales no pueden ser parte del ejercicio democrático.

Esto es dañino para la democracia porque restringe el número de participantes en las elecciones y excluye a sectores importantes de la población que merecen tener una voz dentro de nuestro modelo representativo. Al tener menos candidatos se empobrece el nivel de debate, se generan menos propuestas, y se restringe el mercado de información disponible para que los ciudadanos voten de una manera informada.

Es claro que si un candidato debe gastar miles de millones para llegar al poder, le quedará debiendo algo a alguien. Si las cosas continúan así, nuestro Congreso seguirá siendo integrado por políticos de bolsillo que abogan solo por los intereses particulares de quienes los financian. Nuestro país necesita congresistas que luchen por el interés público y que generen capital social para todos, y no que busquen crear capital político para sí mismos devolviendo favores.

Además, en un país como el nuestro, permitir campañas con gastos excesivos le abre la puerta a dineros de dudosa procedencia. Aquellos que viven de la ilegalidad y del narcotráfico son los más interesados en proteger su posición colocando amigos en el poder. Esto debería ser evidente para todos los colombianos considerando que casi un cuarto de nuestro Congreso está investigado o condenado por nexos con los grupos armados narco-terroristas.

Al aumentar los topes de gastos, el CNE parece no entender que el Internet ha cambiado las reglas de juego. Lo mismo se puede decir de todos los candidatos que piensan volarse esos topes, gastando includo más de 2,000 millones de pesos en las campañas al Congreso, como reporta la revista Semana.

Las tecnologías y servicios disponibles en el Web 2.0, como las redes sociales, reducen los costos de hacer política en la medida que le permiten a los candidatos difundir sus ideas e interactuar con los ciudadanos sin grandes inversiones.

Por todas las razones aquí expuestas, he decidido a conciencia librar una campaña innovadora con un presupuesto modesto. Utilizaré el flujo libre de información y herramientas disponibles gratuitamente en la red para vincular al proceso democrático a quienes están desencantados con la política tradicional de clientelismo, corrupción y nexos con los grupos armados. Así, una vez en la Cámara, tendré la independencia política para actuar por el bien común.

Cuando la ley y la cultura permiten que en la política se premie más la plata que las ideas todos perdemos. No olvidemos nunca que con el voto los ciudadanos del común tenemos muchísimo poder. Los invito a que en estas elecciones premiemos las ideas, la innovación y la creatividad. Movilicémonos con los nuevos medios y demostrémole al establecimiento que los colombianos queremos una nueva cultura política. Marquemos un VOTO LIMPIO para integrar un CONGRESO NUEVO.

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