SOPA/PIPA: intromisión indebida, iniciativa contraproducente

El 18 de enero, en el mundo digital se llevó acabo una protesta sin precedentes contra SOPA (Stop Online Piracy Act) y PIPA (Protect Intellectual Property Act), dos proyectos de ley que actualmente cursan en el Congreso de los Estados Unidos.

A pesar de que sus ponentes las presentan como una necesidad imperiosa para robustecer la protección de la propiedad intelectual en Internet, estas iniciativas no son más que una intromisión innecesaria e indebida del Estado a costa del individuo, el interés general y el mercado libre.

De ser aprobadas, estas leyes le darían facultades extra-territoriales al Fiscal General de los Estados Unidos para ordenar el bloqueo de cualquier página de Internet en el mundo. Ante cualquier queja sobre el uso no autorizado de contenido digital, y sin la necesidad de llevar acabo un juicio que observe el debido proceso, Estados Unidos podría ordenar a las compañías prestadoras de servicio de Internet restringir el acceso a cualquier sitio, retirar su aparición en motores de búsqueda, y ordenar el cierre de sus plataformas de publicidad y pagos en linea.

Aparte de las profundas implicaciones con respecto a los derechos fundamentales a la intimidad, a la libre expresión y asociación, y a las libertades de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra, estas iniciativas serán contraproducentes a la hora de cumplir el propósito de la legislación que reconoce la propiedad intelectual: fomentar la innovación cultural y científica.

Los mal llamados “derechos” de autor, en efecto son privilegios económicos concebidos hace siglos para fomentar la innovación. En la edad media, el conocimiento era un bien escaso. Con la llegada de la imprenta, las iglesias y coronas de Europa quisieron incentivar la creación y difusión de textos para expandir su influencia. Pero en esa época, realizar una obra creativa implicaba altos costos de investigación, preparación y difusión, y los autores se enfrentaban al problema del polizón debido a las limitaciones tecnológicas de aquel entonces. Como incentivo, los gobiernos decidieron otorgar a los autores un monopolio sobre la reproducción de sus obras para que así pudieran recuperar su inversión y gozar del fruto de su trabajo.

Con el paso del tiempo, la protección de los privilegios de autor se ha ido ampliando para incluir nuevos medios de expresión creativa. El esquema ha sido exitoso a la hora de fomentar la innovación y el desarrollo cultural y ha generado industrias millonarias. Sin embargo, con la llegada de Internet, las bases económicas sobres las cuales se construyó ese sistema se derrumbaron y todo cambió.

Antes, en términos económicos, una obra era un “bien privado” porque su uso implicaba el concepto de la rivalidad. Hoy, el contenido es hoy un “bien público” semejante al aire porque el uso por parte de una persona no impide el uso simultáneo por parte de otra. Por ejemplo, antes dos personas no podían usar el mismo texto al mismo tiempo. Hoy, con el invento de la copia digital, muchas personas pueden compartir y usar textos, fotos, música y videos al mismo tiempo.

Esa sutil distinción, por simple que parezca, cambió todo a la hora de pensar en políticas para fomentar la innovación cultural. Cada día, millones de personas tienen acceso a la mayor fuente de conocimiento y cultura en la historia de la humanidad: Internet. Cada día, se comparten millones de ideas, textos, fotos, música y videos desde rincones opuestos del planeta. Cada día, tenemos la oportunidad de consultar la enciclopedia más completa que jamas haya existido y de viajar a destinos lejanos para expandir nuestro mundo sin salir de casa.

Gracias a estos avances tecnológicos, nunca ha sido menos costoso ni tan facil investigar, producir, publicar y difundir una obra creativa. Lo que antes requería de una gran financiación para asegurar una producción especializada, canales de distribución y campañas de mercado, hoy lo puede hacer un individuo a un costo relativamente bajo (e.g., con un telefono inteligente). Además, el problema del polizón se ha reducido drasticamente debido a nuevas tecnologías de comercialización que permiten negociar individualmente con cualquier consumidor. Por todo lo anterior, las justificaciones que alguna vez existieron para otorgar monopolios legales a los autores han desaparecido.

Debido a estos cambios revolucionarios, la agremiación de intermediarios que hoy controla las industrias culturales (medios masivos, industria de entretenimiento, etc.) está alarmada y ha organizado un poderoso cabildeo mundial para proteger sus privilegios y el status quo. Incluso ha realizado absurdas campañas que buscan asemejar a la libre difusión de la cultura y el conocimiento con crímenes tan bárbaros como la piratería. Ese cabildeo, que llegó a España por medio de la Ley Sinde, a Francia por medio de la Ley Hadopi y a Colombia por medio de la Ley Lleras, ahora llega a los Estados Unidos por medio de SOPA y PIPA.

El punto es que en el mundo de hoy, la innovación cultural no es producto del régimen de derechos de autor sino del libre flujo de contenido y del deseo y la habilidad para compartir y colaborar. De lo contrario, ¿cómo explicar que haya más de 150 millones de blogs sin ánimo de lucro y que pasemos varias horas al día interactuando y compartiendo ideas, fotos, canciones y videos por medio de diversas redes sociales? Todos queremos aprender, enseñar y darnos a conocer. Si somos buenos, el éxito llega por la calidad de nuestro contenido y con ello llegará la remuneración que determinen los actores del mercado de manera voluntaria.

Es evidente que en un mundo interconectado de cerca de siete mil millones de habitantes debemos replantear el esquema de incentivos para fomentar la innovación. Mientras el esquema de privilegios de autor generó innovación a un ritmo lineal, uno basado en el libre flujo del conocimiento podría generar innovación a un ritmo exponencial. Por eso, condicionar el acceso mundial a Internet a la perpetuación de modelos de negocio obsoletos y excluyentes es mala idea. En vez de erigir más barreras que distorsionan el libre mercado para proteger los intereses particulares de poderosos gremios, los gobiernos deben estudiar como derrumbarlas para democratizar el acceso al conocimiento y lograr que la humanidad entre a la era de la ilustración digital.

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2 pensamientos en “SOPA/PIPA: intromisión indebida, iniciativa contraproducente

  1. Juan dice:

    Su alusión al “libre mercado” me parece desafortunada, no tengo la más mínima idea de sus sesgos ideológicos ni me interesa, pero creo que hacer símiles con esa patraña deshumanizante y destructora le resta validez a su artículo. “La defensa de una Internet libre no es la defensa del neoliberalismo”….

    Sí a la globalización, pero de la indignación.

    • Mucha gente confunde el actual modelo capitalista con el libre mercado cuando en realidad se asemeja más a la plutocracia y el corporativismo. Un modelo en el que los gobiernos interceden a favor de los poderosos intereses que financia la política no tiene nada de libre. Por décadas, los neoconservadores y neoliberales nos han convencido de que las preferencias estatales, como el copyright y las patentes, hacen parte del libre mercado cuando en realidad son privilegios que lo distorsionan en detrimento de la sociedad. Creo que al desmontar esos mitos, surge la oportunidad de reinventar el capitalismo – un vehículo inigualable para satisfacer las necesidades humanas sin coartar la libertad – y redefinir el rol de las empresas para desatar una oleada de innovación, crecimiento y bienestar social. Pero antes debemos reconocer la interdependencia que existe entre las empresas y la sociedad; entre lo privado y lo público. Solo así podremos abandonar las dogmas del Siglo XX y el pensamiento suma cero que ha llevado a ambos lados ha asumir que la contraparte es un obstáculo en la consecución de sus propósitos y a tomar medidas que impiden el progreso y nos atrapan en un circulo vicioso. Como dijo Einstein, “no podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos.”

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