El camino hacia un negocio verde

El mundo está preparado para cambiar de modelo de subsistencia debido al calentamiento global que ha causado la dependencia en los hidrocarburos. En medio de esta marea de cambio, los países que custodian el Amazonas tienen la oportunidad de generar nuevas industrias, empleos e ingresos y a la vez preservar recursos ambientales únicos con un gran potencial económico en el Siglo XXI. Pero para lograrlo deben adoptar una estrategia diplomática conjunta y asumir el liderazgo que les corresponde como Bloque Amazónico en las discusiones mundiales sobre el cambio climático.

Evolución de la legislación internacional ambiental

Hace ya casi dos décadas, en 1992, en la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro la comunidad internacional comenzó a adquirir conciencia sobre la necesidad de tomar medidas, a nivel global, que permitieran controlar la emisión de gases para impedir alteraciones bruscas al sistema climático del planeta.

Luego de esa cumbre, 154 países suscribieron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, un tratado de carácter no-vinculante cuyo principal propósito era impulsar la concientización mundial sobre los peligros relacionados con el cambio climático.

Cinco años más tarde en la ciudad de Kyoto, todos los países industrializados, salvo los Estados Unidos, se comprometieron a ejecutar medidas concretas para reducir los gases que causan el calentamiento global. El Protocolo de Kyoto, un tratado vinculante para las partes suscritas, entró en efecto en el 2005 y requiere que los países industrializados reduzcan sus emisiones gradualmente entre el 2008-2012.

Este fue un importante primer paso en el camino hacia la adopción mundial de un modelo energético más renovable y sostenible. Sin embargo, el protocolo de Kyoto ha sufrido de dos grandes falencias que deben ser rectificadas.

Primero, los Estados Unidos, el segundo país que más contaminación atmosférica emite, firmó pero no ratificó el tratado, evitando obligación alguna. Esto ha entorpecido las negociaciones para un tratado pos-Kyoto, ya que la China y otras naciones en transición no están dispuestas a poner sus economías en desventaja sin que los americanos también asuman un compromiso para reducir sus emisiones.

Segundo, el protocolo de Kyoto se ha quedado muy corto frente al tema de la deforestación. Aunque el tratado incentiva la reforestación, no premia económicamente los esfuerzos para evitar la deforestación y degradación de los bosques (REDD por su sigla en inglés). Esta debe ser una prioridad del próximo acuerdo internacional ambiental, ya que la deforestación emite entre 20-25% de los de gases efecto invernadero que calientan la atmosfera de la tierra, lo cual representa un porcentaje superior al que se le atribuye al sector de transporte y movilidad a nivel mundial.

La vegetación absorbe, retiene y procesa una gran cantidad del CO2 mundial y la tala de bosques naturales no sólo libera estos gases en grandes cantidades sino que reduce la capacidad futura de absorción, retención y procesamiento. Además el despeje de bosques tropicales para usos agropecuarios causa una incalculable perdida de biodiversidad y amenaza el balance de fuentes hídricas en América Latina.

Evitar la deforestación: una oportunidad para los países amazonicos

Las obligaciones adquiridas bajo el Protocolo de Kyoto expiran en el 2012. Aunque los países suscriptores han expresado voluntad para renovar su compromiso con el control de emisiones, las negociaciones para estructurar el nuevo tratado avanzan lentamente. Los países ricos y los emergentes no coinciden en la percepción de su responsabilidad histórica frente al tema y tienen visiones distintas sobre la estructura del acuerdo.

Afortunadamente, luego de los foros adelantados en Bali en el 2007 y Copenhagen a finales de 2009, existe un consenso sobre la necesidad de que el próximo tratado premie a los países emergentes por evitar la deforestación. Sin embargo, aún no hay acuerdo sobre como lograrlo y existen más de treinta propuestas distintas al respecto.

En este ambiente fragmentado, los países que custodian la Amazonía tienen la oportunidad y el interés común de consolidar un bloque de negociación fuerte que les permita liderar la discusión y obtener términos favorables para preservar y explotar sus recursos ambientales de manera sostenible.

Con bajos niveles de emisiones históricas y actuales, los países amazónicos tienen la autoridad moral para exigir una compensación adecuada por el costo de oportunidad que implica preservar tierras que podrían ser utilizadas para otros fines productivos.

Pero no sólo se trata de recibir pagos por preservar el pulmón del mundo. Se trata de aprovechar las oportunidades comerciales que ofrece la coyuntura mundial y a la vez frenar una deforestación que a largo plazo será costosa para todas las partes. Para lograr estos objetivos es necesario negociar desde una posición fuerte de unidad.

Hacerlo aumentaría la posibilidad de que los países amazónicos puedan acceder por primera vez al mercado europeo de carbono para comercializar sus créditos certificados de reducción de emisiones (CERs). El mercado verde europeo es el único en operación con el capital y el volumen necesario para obtener una compensación justa por los beneficios mundiales que genera la Amazonía.

Por otra parte, existen grandes retos para la implementación de los mecanismo REDD como la dificultad y el costo que implica medir los niveles de carbono que contienen los bosques. Establecer un punto de partida es complejo y además existe preocupación sobre la posibilidad de que haya corrupción en las mediciones y los reportes.

Al adelantar una diplomacia enfocada en el tema del cambio climático, los países amazónicos pueden optimizar sus recursos al enfrentar estos retos. La creación de un órgano multilateral especializado puede facilitar la ejecución de los estudios y proyectos pilotos necesarios para adelantar propuestas contundentes y adquirir ventajas comparativas. Además formando equipos científicos dotados con la más alta tecnología podrían realizar mediciones más precisas y confiables para la comunidad internacional.

La ejecución de proyectos REDD no sólo traerá recursos por la venta de CERs sino que generará empleos en industrias complementarias que permitirán aliviar la pobreza en las naciones amazónicas sin comprometer el futuro potencial económico de su gran riqueza ambiental. Gracias a los avances científicos en el campo de la biotecnología, la inigualable biodiversidad que alberga la Amazonía se perfila cada vez más como un poderoso motor económico, al igual que sus abundantes fuentes de agua.

Con el tiempo, el éxito de proyectos REDD también permitirá el desarrollo de industrias de servicios financieros, jurídicos y técnicos relacionados con los mercados verdes. Además las tareas de conservación y monitoreo generarán empleos para las comunidades locales y se pueden desarrollar otras actividades comerciales de carácter sostenible en esas tierras como el eco-turismo y otros servicios relacionados con el cuidado personal, la recuperación y la prolongación de la vida.

Es hora de que América Latina pase la mirada del espejo retrovisor al horizonte de oportunidades que ofrece este nuevo siglo. Por nuestro bien, el bien del mundo y el bien de nuestras próximas generaciones debemos encontrar la forma de explotar nuestros afortunados recursos ambientales sin destruirlos. Un futuro verde nos espera.

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